Esta semana, Google (Alphabet) ha marcado nuevos máximos históricos. Con ello, el principal buscador de internet del mundo, se une al selecto club de compañías que capitalizan más de un billón de dólares. Concretamente son cinco compañías las que superan el billón de dólares de capitalización. Google, Apple, Microsoft, Amazon y la saudí Aramco. Las cuatro compañías de Estados Unidos son claro ejemplo de negocios de éxito y gran capacidad de generar beneficios crecientes. Curiosamente, son las compañías que lideraron las correcciones del 2018, y alertaron a los inversores que podríamos estar ante un techo de mercado puesto que los beneficios no podrían seguir subiendo a las mismas tasas de los años precedentes. Hoy en día todas están de nuevo en máximos históricos.

Incluso hay un índice que agrupa este tipo de compañías y existe un acrónimo para agruparlas, denominado FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix, Google). El Nyse Fang, tras subir un 200% desde mínimos de 2016, corrigió un 17,5% a principios de 2018, en sólo unas sesiones tras un mal dato de resultados trimestrales publicado por Facebook. Esas pérdidas se recuperaron, pero el segundo semestre del 2018 fue catastrófico para estas compañías, que llegaron a caer más de un 30%. Observando el gráfico, podemos ver que incluso en el magnífico ejercicio del 2019 (subida de un 39,5%), las FAANG pasaron un mal momento en mayo echando de nuevo a un gran número de inversores. En un solo mes, las acciones de este índice corrigieron algo más de un 20%.

En definitiva, ni los mejores negocios están exentos de riesgo y de volatilidad. Se habla, por ejemplo, del éxito de haber invertido en acciones de Apple en sus inicios en bolsa. Concretamente (adjunto gráfico histórico), desde el inicio, la acción ha subido casi un 75.000%, una tasa próxima al 20% anualizado. 1000 dólares invertidos en la salida a bolsa valdrían hoy unos 700.000 dólares.

Pero en realidad, son muy pocos los inversores que han participado en estas revalorizaciones históricas. Los vaivenes que hemos comentado para el índice FAANG han sido mucho más elevados en el precio de Apple. En el siguiente gráfico calculamos el Drawdown de Apple desde que comenzó a cotizar en bolsa. El Drawdown mide las correcciones desde máximos previos del precio. En el gráfico se aprecia (en gris) que el accionista que hubiese mantenido las acciones todo el tiempo, habría soportado hasta tres grandes periodos con pérdidas superiores al 70%. Por encima del 50%, también han sido varias las ocasiones, y han sido muy comunes las pérdidas superiores al 30%.

Estamos seguros, que si ofrecemos a un inversor, una idea de inversión que consideramos de éxito a largo plazo, pero advertimos que podría perder un 70% de su inversión, nos tacharía de imprudente o de un mal asesor. Pues como diría Rodrigo Rato, con aire chulesco para sacudirse sus responsabilidades en el caso Bankia, “esto es el mercado, amigo”.

La renta variable es el mejor activo a largo plazo, aunque también es el más volátil. Siempre querríamos apostar a comprar en mínimos y vender en máximos, estar fuera en las correcciones y participar de las subidas, pero la realidad es que la mejor opción es mantenernos invertidos a largo plazo y no caer en los sesgos emocionales, que nos llevan casi siempre a vender en las caídas y perdernos las subidas. Y es que está demostrado, que uno de los sesgos conductuales que más penalizan la rentabilidad de los inversores es el sesgo de aversión a las pérdidas. La aversión a la pérdida se refiere a la fuerte tendencia de la gente a preferir evitar pérdidas monetarias antes que conseguir ganancias monetarias equivalentes: Las pérdidas pesan mucho más que las ganancias. La aversión a la pérdida forma parte de la teoría prospectiva (o de las perspectivas), desarrollada en 1979 por los psicólogos Daniel Kahneman (Premio Nobel en 2002) y Amos Tversky.​ Sus estudios sugieren que las pérdidas son valoradas psicológicamente entre 1,5 y 2,5 veces más intensamente que las ganancias.

Traducido al lenguaje de un inversor, la aversión a las pérdidas implica que se pierde el potencial alcista de los títulos ganadores, ya que éstos se venden demasiado pronto. En cuanto estamos ganando un 10%-15% (por citar algún ejemplo) realizamos beneficios ante el temor a perder lo ganado. Y también está demostrado que cuando se sufren fuertes pérdidas, en cuanto el precio sube y se recuperan las pérdidas, este sesgo emocional nos lleva a vender, por lo que tampoco participaríamos de las ganancias, si el valor sigue subiendo.

Aunque fue el premio Nobel Daniel Kahneman, el que lo divulgó a la comunidad financiera, este sesgo es innato al ser humano y ha existido siempre. Prueba de ello es que en el Siglo XVII (1688), José de la Vega expone de forme muy curiosa este fenómeno, en su libro Confusión de Confusiones (primer tratado del mundo sobre la bolsa de valores):

“si el que compra algunas partidas vé que baxan, rabia de haver comprado; si suben, rabia de que no compró mas; si compra, suben, vende, gana y buelan aun á más alto precio del que ha vendido; rabia de que vendió por menor precio: si no compra ni vende y van subiendo, rabia de que haviendo tenido impulsos de comprar, no llegó á lograr los impulsos; si van bajando, rabia de que, habiendo tenido amagos de vender, no se resolvió á gozar los amagos; si le dan algun consejo y acierta, rabia de que no se lo dieron antes; si yerra, rabia de que se lo dieron; con que todo son inquietudes, todo arrepentimientos, todo delirios, luchando siempre lo insufrible con lo feliz, lo indomito con lo tranquilo y lo rabioso con lo deleytable.” Creo que hoy en día es difícil encontrar una mejor descripción de lo que es el Behavioral finance (Finanzas del comportamiento), de la que hizo José de la Vega hace más de trescientos años.

Este sesgo es el que provoca en muchos inversores el miedo a errar, aumentando riesgos en renta variable, ahora que las bolsas están en zona de máximos históricos. La mayoría de inversores apuntarían a la bolsa, si se le pregunta por el activo financiero que creen que será el más rentable esta década. Sin embargo, muchos no se atreven hoy a comprar porque argumentan que el precio ha subido mucho en los últimos meses y ponderan más al riesgo a sufrir una pérdida a corto plazo (si hay una corrección) antes que el potencial de revalorización a corto plazo.

En definitiva, a la hora de invertir en los mercados financieros, la clave es tratar de detectar cual es el activo que ofrece el mejor binomio rentabilidad riesgo al horizonte temporal para el que hayamos decidido invertir. La renta variable, tal y como hemos demostrado este mes en nuestra visión estratégica, ofrece un potencial de revalorización en torno al 6,5%, pero en plazos superiores a 10 años. Si nuestro horizonte es muy amplio, no cabe duda que hay que invertir lo máximo posible en los mercados de renta variable, y hacerlo de la forma más global y diversificada para asegurarnos de alcanzar esas rentabilidades medias históricas. En ese caso, el momento de entrada no es tan importante. A medida que nuestro horizonte temporal es más corto, menos peso hay que dedicar a la inversión en renta variable, pero también será menor nuestro potencial de revalorización. Pero el secreto del éxito (se ha demostrado en innumerables estudios) nunca es tratar de acertar el mejor momento de entrada o incrementar y reducir riesgos para tratar de minimizar las pérdidas de corto plazo.

En el ejemplo de pérdidas o Drawdown de Apple, hemos escogido una de las acciones de más éxito de las bolsas de las últimas décadas. Pero esa misma conclusión vale para casi cualquier índice con muchos años de historia. El mismo cálculo para el Dow Jones Industrial, nos muestra que este índice, con más de 100 años de historia, también está en máximos históricos, ha tenido una revalorización del 5,8% desde inicio del siglo pasado (sin incluir los dividendos), y ha vivido épocas de fortísimas correcciones desde máximos. Incluso superiores al 80%, pero muchísimas del 40% y 50%. De todas ellas, como se aprecia en la línea azul de cotización se ha recuperado.

 


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