2020: Inicio de una nueva década, caracterizada por tipos “bajo cero”

Contra el pronóstico de gran parte de los agentes del mercado, la mayoría de activos financieros han finalizado 2019 en positivo, y con ganancias muy superiores a las medias históricas. Todo ello se ha conseguido, a pesar de un entorno de clara debilidad económica, y retroceso en el crecimiento de los beneficios empresariales. Ha bastado con el anuncio de nuevas medidas de estímulo monetario por parte de los bancos centrales, para conseguir que, en menos de 12 meses, tanto índices bursátiles, como índices de renta fija, recuperen o incluso superen máximos históricos. También ha favorecido el hecho de que en el último trimestre se hayan diluido casi totalmente los dos principales riesgos geopolíticos (guerra comercial entre China y Estados Unidos, y el Brexit).

Afrontar 2019 con más optimismo que el resto de la industria nos ha permitido cerrar el ejercicio con unas magníficas rentabilidades ajustadas al riesgo. En las siguientes tablas observamos que nuestras cestas de gestión discrecional de fondos se sitúan en el primer cuartil a uno, tres y cinco años en todos los perfiles de riesgo.

Así mismo, nuestra gama de fondos de fondos perfilados, Unicorp Selección, que ha cumplido tres años de historia en 2019, ha liderado las rentabilidades a uno y tres años, de los fondos perfilados comercializados por las grandes redes bancarias en España.

Lo que más ha posibilitado el magnífico cierre de 2019, ha sido el convencimiento por parte de los inversores que el ciclo económico puede seguir siendo expansivo (como exponíamos en nuestra visión del mes de diciembre) y, sobre todo, la falta de alternativa rentable para el patrimonio ahorrado. Sigue habiendo muchísima liquidez en los mercados, y los ahorradores se están viendo forzados a asumir riesgos y aumentar el plazo de inversión para obtener rentabilidades positivas.

Para la nueva década que comienza, será clave saber si viviremos en un entorno de tipos “bajo cero”, o si por el contrario se producirá la normalización de tipos con la que amenazaron los bancos centrales en 2018, y que tanto penalizó a los activos de renta fija. A cierre de 2019, el volumen de deuda con tires negativa cotizada en los mercados se cifra en 11 billones de dólares, unas 10 veces el PIB de España. En agosto la cifra rondaba los 17 billones. En este escenario, los bancos centrales, van a seguir siendo un pilar fundamental del apoyo de los mercados. Seguirán dispuestos a tomar las decisiones necesarias para que la expansión económica siga avanzando, ya que las medidas convencionales tomadas en la década que acaba de finalizar no han conseguido hacer que la inflación alcance los objetivos perseguidos por las autoridades monetarias.

No sabemos si las economías desarrolladas tenderán a “japonizarse”, pero lo que sí parece muy probable es que las expectativas de inflación y crecimiento económico permanecerán estancadas la próxima década. Nuestra apuesta es que el entorno económico es cada vez más global, eficiente y competitivo. Las tasas de crecimiento de las economías tanto desarrolladas como emergentes tenderán a ser cada vez menores, pero cada vez habrá más países contribuyendo al crecimiento de la economía global. La contribución de los países emergentes (que seguirán creciendo más que los desarrollados) será clave para que el ciclo económico global pueda seguir siendo expansivo muchos años, y los ciclos sean más suaves.

La disrupción tecnológica que se ha vivido en la última década, así como los hábitos de consumo y la mejora de la calidad de vida en todo el mundo, son claves para entender el ciclo económico y la forma de afrontar las inversiones. El consumo es digital, las empresas son cada vez más globales, y la mano de obra cada vez tiene menos poder de negociación salarial debido a la tecnología y robótica. El consumo colaborativo y la preocupación por la sostenibilidad serán tendencias que irán creciendo esta década. La búsqueda de energías alternativas, ya es una realidad, y son cada vez más eficientes gracias también a la tecnología. Así mismo, la esperanza de vida seguirá creciendo gracias a los mejores hábitos alimentarios, e investigación farmacéutica, lo que nos llevará a una población más envejecida en los países desarrollados y mayor población en edad de trabajar en los emergentes (seguirá reduciéndose la mortandad infantil en el tercer mundo). Precisamente, en los mercados emergentes, es donde más crecerá la clase media, y donde más aumento habrá del consumo, tanto básico como discrecional.

En definitiva, somos optimistas y pensamos que el mundo sigue mejorando, por mucho que nos inunden noticias negativas a diario en prensa, televisión y redes sociales. Y como el mundo cambia, también debemos cambiar nuestra forma de afrontar las inversiones. No vemos las compañías desde el punto de vista de dónde están domiciliadas, sino de dónde vienen sus ingresos. Será fundamental detectar las empresas cuyos ingresos provengan de economías y sectores que más crecerán los próximos años. Así, el sector salud, alimentación, tecnología ligada a la mejora de eficiencia de los factores productivos, energías alternativas, consumo básico, consumo discrecional, y aquellos que funcionen como alternativa a la renta fija (Real State, Infraestructuras, Utilities), seguirán atrayendo a unos inversores ávidos de buscar rentabilidad para sus ahorros. Además, estos sectores suelen ser defensivos, por lo que podrían comportarse bien en el entorno actual de una fase muy madura del ciclo económico.

En renta variable, por tanto, mantenemos una visión positiva a largo plazo, por los motivos comentados, aunque a corto plazo nuestra visión sea defensiva y neutral. En 2020 volverán escenarios de volatilidad puesto que sigue habiendo dudas sobre el ciclo económico, y estas podría generar recortes más o menos acentuados. Unos recortes, que, en caso de ocasionarse, los aprovecharemos para incrementar peso en renta variable o un cambio de sesgo a más cíclico. A largo plazo, la renta variable siempre ha sido el activo más rentable, incluso frente a la renta fija cuando esta ha ofrecido rentabilidades mucho más altas que las actuales. Ahora que los tipos están situados en mínimos históricos, defendemos más que nunca que será la renta variable el activo que más rentabilidad genere en nuestras carteras modelo. Siempre y cuando se gestione diversificando eficientemente por gestoras, sectores y zonas geográficas.

Con los índices bursátiles en máximos, quizás parezca arriesgado aumentar riesgo en renta variable, pero hay que tener claro que en renta variable el plazo de inversión seguirá siendo la clave, como lo ha sido siempre en la historia. En el siguiente gráfico mostramos las rentabilidades anualizadas que ha ofrecido del S&P500 para un inversor que hubiese

mantenido su inversión 1, 2, 3…, 14 y 15 años, independientemente del momento en el que haya entrado. Son datos recogidos desde el año 1928, por lo que incluyen guerras, el Crack del 29, décadas perdidas como la del 70 y 2000, y numerosas fases de recesión económica en Estados Unidos (14 concretamente). A pesar de todo ello, se observa, que la rentabilidad se ha situado en un promedio entre el 6% y 7% en todos los plazos. La diferencia es la disparidad de rentabilidades cuando el plazo de inversión es inferior a 3 años (en esos plazos el momento de entrada es fundamental).

Sin embargo, a partir de 7 años, se reduce el rango de rentabilidades esperadas para la inversión en renta variable. Las líneas inferior y superior delimitan el 80% de las observaciones, dejando fuera el 10% de las mejores y peores observaciones. De esta forma, a 15 años se obtendría, con un 80% de probabilidad, rentabilidades anualizadas entre el 2,16% (38% acumulado) y un 11,24% (394% acumulado).

A 15 años, por ejemplo, el bono alemán ofrece una rentabilidad del -0,04%, y el bono español un 0,88%. Si ahorramos para un objetivo superior a 10 años, no cabe duda que la renta variable es el mejor activo, y no afecta tanto el momento de entrada. Además, en la gráfica mostramos en gris la volatilidad de los resultados. A un año, la volatilidad es la típica de cualquier índice o fondo de renta variable (en torno al 20%), pero a partir de los 10 años, la dispersión de rentabilidades se reduce por debajo del 5%. ¿Quién no estaría dispuesto a comprar un producto que ofrece una rentabilidad media del 6,5% con una volatilidad del 4%?. Pues esos datos o similares (dependiendo del índice) sólo los ofrece la renta variable a largo plazo.

En renta fija, también hay que asumir riesgos y diversificar mucho la cartera para obtener recompensa. El riesgo a asumir es el riesgo de duración, el riesgo de crédito, o el riesgo de prelación de cobro. En nuestras carteras entendemos que el riesgo que aún sigue compensando asumir es el de crédito (invertir en bonos corporativos, high yield o bonos emergentes) o prelación de cobro (bonos y obligaciones subordinadas). Con las pendientes de las curvas tan planas (ofrecen rentabilidades similares los bonos a largo plazo que a corto plazo), invertir a plazos largos en renta fija, aumenta mucho el riesgo y muy poco la rentabilidad.

No obstante, en los últimos meses hemos reducido en nuestras carteras el riesgo de crédito, a medida que han ido reduciéndose las primas de riesgo de la deuda corporativa, que se han ido a zona de mínimos históricos. Mantenemos una visión más cauta que hace un año, con sobreponderación de fondos alternativos a liquidez, que nos permitirán tomar apuestas más arriesgadas conforme surjan nuevas oportunidades a lo largo de este ejercicio 2020.

En definitiva, de cara no sólo a 2020, sino a la próxima década, convencerse de que hay que asumir más riesgos, y por ende, aumentar los plazos de inversión, es la primera clave para hacer crecer nuestro ahorro. Vincular el perfil de riesgo de la inversión al objetivo del ahorro es fundamental. Por ejemplo, para el ahorro que se necesita a menos de tres años, la liquidez o fondos mixtos con volatilidades inferiores al 2%; para proyectos a más de cinco años habría que orientarse a pesos del 50%-60% en renta variable; para proyectos vitales de más de 10-15 años, apostar decididamente por fondos de renta variable global muy diversificada.

Las economías seguirán creciendo, y los beneficios de las buenas compañías crecerán más que las economías donde cotizan. Diversificar carteras, ser muy activos en la selección de activos de renta fija, primar la renta variable en función de los ingresos y no de la zona geográfica, o incluso incluir nuevos factores de diversificación (la deuda pública cada vez reduce menos el riesgo) como infraestructuras, fondos macro, metales preciosos, o inmobiliario, serán claves para poder seguir generando valor para nuestros clientes y partícipes.


Artículo realizado por Unicorp Patrimonio, Sociedad de Valores.

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