En las claves que publicábamos la semana pasada hacíamos un ejercicio en el que comparábamos la inversión a 10 años en el bono alemán frente al Eurostoxx 50. En este informe, tratábamos de justificar que tanto anunciar la posible recesión está provocando que las autoridades actúen previamente, lo que debería provocar unos efectos poco lesivos de la propia recesión, o incluso que esta no se produzca. Pero es que, aún produciéndose, no parece que tenga sentido, si pensamos en el largo plazo, invertir en un bono alemán a 30 años a tasas negativas.

Si hacemos el ejemplo de la inversión en el bono frente a la bolsa a 30 años, los resultados son contundentes y claramente a favor de la renta variable. Hoy el bono alemán de referencia a 30 años cotiza a una TIR del -0,22%. Vence en agosto del 2050 y no paga ningún cupón anual, es decir, se hace un único pago al comprarlo hoy y se recibe el nominal el día del vencimiento. Para recibir 100.000€ hay que pagar hoy 107.090 euros (cotiza a 107,09%).

En renta variable, la rentabilidad de los últimos años por dividendos del Ibex se ha movido entre el 3,5% y 7% (en fases de grandes correcciones). Actualmente está en el 4,86%. Siendo prudentes, y usando el 3,5%, para una inversión de 107.090 euros, recibiríamos anualmente la cifra de 3.748 euros brutos. Con la fiscalidad actual serían 3.036 netos (19% de retención). Desde el momento actual hasta agosto del 2050 recibiríamos netos, vía dividendos 94.200 euros. Es decir, que la inversión en el Ibex 35 tendría que valer menos de 13.000 euros para que fuese menos rentable que comprar el bono de referencia alemán a 30 años. En porcentaje estamos hablando que el Ibex tendría que estar por debajo de 1.050 puntos.

Evidentemente, el ejemplo es de una inversión a muy largo plazo. En 30 años puede pasar cualquier cosa y a buen seguro que habrá no una ni dos recesiones económicas de por medio. Pero es que la inversión en renta variable hay que verla siempre con un horizonte temporal amplio. En renta fija estamos observando que los inversores están ampliando claramente su horizonte de inversión para poder obtener rentabilidades positivas, y se da el caso descrito que ni invirtiendo treinta años, se obtienen rentabilidades positivas. El ejemplo simplemente lo usamos para dejar claro que si estamos dispuestos a aumentar el horizonte temporal de la inversión, los números son mucho más favorables (en el contexto actual) para la renta variable que para la renta fija. La diferencia es que los inversores cuando compran un bono, lo hacen “a vencimiento”, aunque sea a muy largo plazo, y la renta variable no.

Entendemos que este distinto modo de ver los inversores la inversión en renta fija o renta variable se debe a la forma de ver las cotizaciones. La renta variable es muy seguida por todo el mundo y hasta los telediarios suelen comenzar comentando los días de grandes caídas. Pero en renta fija se habla siempre de la rentabilidad que ofrecen a vencimiento y nunca de las oscilaciones del precio. Sin duda, si se hablase de la renta fija en términos de precio, la situación sería distinta. En el siguiente gráfico comparamos la evolución del precio del bono alemán con vencimiento abril 2034 frente al DAX alemán. El precio del bono ha sufrido hasta cuatro correcciones igual o superiores al 15%.

Si se hablase de la renta variable en términos de la rentabilidad por dividendo que ofrecen, sería distinto. Pero no sólo ahora, que la renta fija ofrece rentabilidad negativa, sino que históricamente los datos de rentabilidades a largo plazo de la renta variable son muy positivos. Incluso habiendo recesiones económicas de por medio. En el informe que de la semana pasada que hemos comentado, argumentábamos que no hay que estar obsesionados con la llegada de la recesión. En el siguiente gráfico vemos la evolución del DOW Jones industrial (el índice con más históricos) desde final del siglo XIX.

A largo plazo se observan en el gráfico tres fases alcistas claras. La primera acabó en el Crack del 29, la segunda con la crisis del petróleo de los 70 y la tercera con la crisis de las punto com. Pero lo destacado del gráfico es que las tres fases alcistas han durado exactamente lo mismo. Todas han durado 132 trimestres (en el gráfico cada vela es un trimestre).

¿Podría durar la fase alcista actual también 132 trimestres y acabar en 2041? Evidentemente no lo sabemos, pero estamos asistiendo (Trump mediante) a una revolución tecnológica que está haciendo más eficiente los procesos productivos, los salarios van a la baja, y la digitalización y comercio electrónico permiten a las empresas llegar a millones de clientes en muy poco tiempo. ¿Por qué no pueden las empresas líderes de los índices seguir generando valor para sus accionistas los próximos 20 años?

Entendemos que sí, y que esta tendencia podría seguir a pesar incluso de que haya una recesión próxima. Es más, podría y debería haber más de una. En el siguiente gráfico, añadimos las fases de recesión que ha vivido Estados Unidos en el periodo analizado. Vemos claramente que en estas tres fases alcistas, ha habido muchísimas recesiones, que no han cambiado la tendencia general del índice.

Por tanto, quizás es más arriesgado estar obsesionado con el corto plazo y refugiarse en bonos del tesoro con rentabilidad negativa. A un mes o semana vista, a buen seguro que podemos acertar, pero claramente, no es la mejor decisión si estamos pensando en una cartera a largo plazo.

 


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