En el mes de julio, los bancos centrales no han defraudado al mercado. Cambiaron su discurso conforme avanzó el ejercicio, debido a las señales de ralentización económica de los indicadores macro relacionados con la confianza de consumidores, empresarios e inversores. Y llegado el momento, han actuado. La FED ha bajado tipos en un cuarto de punto hasta el rango 2%-2,25%, mientras que en el BCE (los mantuvo), Draghi ha dejado claro que bajará tipos antes de ceder el cargo a Christine Lagarde. Pero como establecíamos en la visión estratégica de julio, quizá la labor de los Bancos Centrales sea más perjudicial que benévola:

  • En primer lugar, porque afecta artificialmente a la formación de precios de la renta fija, llevando a miles de millones de euros en bonos a cotizar a rentabilidades negativas, lo que obliga a inversores de perfil muy conservador a asumir riesgos que no quieren o saben asumir.
  • En segundo lugar, dejan un mensaje confuso sobre la situación económica. La FED ha pasado, en solo seis meses, de formar expectativas de fuertes subidas de tipos para enfriar la economía, a lanzar un mensaje de cautela bajando tipos, muy preocupados por el contexto internacional y la ralentización que puede suponer para la economía, la guerra comercial
  • En tercer lugar, lo que apuntábamos hace un mes, y que puede ser el principal motivo de las recientes correcciones de todos los activos de riesgo. De nuevo en julio, las bolsas de Estados Unidos han marcado máximos históricos. Y es que la red de seguridad de los bancos centrales (que tanto benefició a las bolsas), conocido como la Put de Bernanke, vuelve a aparecer en el contexto actual. Al igual que ocurrió en mayo, Trump vuelve a confiarse en la buena situación de los mercados para anunciar nuevos aranceles a las importaciones chinas. Esta vez un 10% sobre 300.000 millones de dólares que aún no estaban gravados.

Así pues, de no haber intervenido los bancos centrales, quizás las bolsas estarían más abajo y los bonos tendrían menos respaldo, pero esto habría servido precisamente como aliciente para que, a estas alturas de ejercicio, Estados Unidos y China hubiesen acercado posturas en las negociaciones. Pero el apoyo de los Bancos, primero con discursos y en julio con hechos, está alargando y recrudeciendo las negociaciones. Aunque la mayoría de inversores somos conscientes que finalmente habrá un acuerdo, y será positivo para la economía mundial (Estados Unidos logrará defender a sus empresas y China abrirá su economía al exterior), el retraso del acuerdo está claramente afectando a la economía. Y cuanto más se retrase el acuerdo, más consecuencias negativas habrá para los próximos datos macro que se vayan presentando.

 

Si el año pasado, las cifras de importaciones y exportaciones entre Estados Unidos y China apenas se vieron alteradas, este año, han bajado de forma considerable. De momento las cifras de empleo, el sector inmobiliario, cifras de consumo e incluso las cifras publicadas del PIB de Estados Unidos siguen mostrando datos muy robustos. Pero, como venimos insistiendo durante todo el año, todos los indicadores relacionados con datos de confianza se están viendo muy afectados por las incertidumbres geopolíticas que no terminan de desaparecer. No solo la guerra comercial entre Estados Unidos y China, sino que en Europa también aumentan las probabilidades de un Brexit duro a final de octubre tras la elección de Boris Johnson. Trump quiere devaluar el dólar presionando a la FED (la última decisión de subir aranceles a China va en este sentido), y China devaluando el yuan a su antojo, provocan de nuevo que repunte la volatilidad del mercado de divisas. Constantemente repunta la tensión en Oriente Medio, por las reacciones de Irán a los bloqueos internacionales que promulga el gobierno de Estados Unidos. Los resultados empresariales en Europa no terminan de favorecer a las cotizaciones puesto que un trimestre tras otro, quedan por detrás de los comparables norteamericanos. Estas incertidumbres, unido a los bajos volúmenes del verano, hacen prever que la volatilidad se mantenga alta, lo cual podría acelerar correcciones en los activos de riesgo.

 

El escenario más probable que contemplamos es que las correcciones (tanto en renta variable como en renta fija) vuelvan a generar excelentes oportunidades de entrada en activos de riesgo, como ya ocurriese en mayo y en diciembre pasado. No contemplamos la finalización de la tendencia alcista de largo plazo de las bolsas mundiales y que se inicie una tendencia bajista de largo plazo. A lo sumo un lateral más o menos prolongado con fuerte rotación de activos. Paciencia, serenidad ante los vaivenes de corto plazo, y una visión de largo plazo marcada por una economía global que seguirá creciendo en torno al 3% (a pesar de la desaceleración de las economías desarrolladas), deben ser las pautas en las que fundamentaremos nuestra gestión de carteras.

Por ello, en nuestros fondos de fondos hemos aumentado el peso en liquidez durante el mes de julio. En las carteras de gestión discrecional hemos reducido exposición a renta variable a cierre de julio, y reducido claramente el peso en fondos de renta fija europea más conservadora. En la parte más conservadora seguimos apostando por bonos que generan un cupón atractivo. Bonos de alto rendimiento, préstamos y subordinados en Europa y grado de inversión en Emergentes y Estados Unidos (incluso deuda pública, para reducir riesgos), son las apuestas en el contexto actual. En renta variable, hemos reducido exposición a Europa, y mantenemos apuesta por fondos de baja volatilidad, que deberían seguir comportándose bien en el escenario que hemos descrito.

La liquidez actual (de nuestras carteras y del conjunto de inversores) está condenada a volver a entrar de nuevo en el mercado, puesto que los tipos de interés seguirán muy presionados a la baja por los bancos centrales y por compradores institucionales (fondos, aseguradoras, planes de pensiones, fondos soberanos, reservas internacionales, etc…). Esto provocará que todo repunte de las rentabilidades de los bonos o caídas del precio de la renta variable, sea visto por los inversores en liquidez como oportunidad de compra.

En la mayoría de las ocasiones, no hay que actuar en el mercado según como uno crea que puede comportarse, sino como cree que lo ve el consenso. Y el consenso, nos tememos que tiene muchísima liquidez, y una liquidez, que los bancos centrales seguirán obligado a que asuma riesgos, no solo para obtener rentabilidad positiva, ni el poder adquisitivo (efecto inflación), sino para mantener el patrimonio ahorrado, ya que antes de que acabe el año, el BCE situará los tipos en negativo por primera vez en la historia.

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