Los Bancos Centrales seguirán presionando a los ahorradores a asumir riesgos

Tras un espectacular primer cuatrimestre del año, mayo parece que ha servido para dar un baño de realidad a los inversores de los mercados financieros. Sigue sin haber acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, e incluso llegaron a amenazar con romper negociaciones; el Brexit se puede complicar y no se descarta un Brexit duro; el resultado de las elecciones europeas no ha sido catastrófico, pero sigue primando el ascenso (menos de lo esperado) de los partidos euroescépticos; los bancos centrales han reconocido la dificultad para conseguir sus objetivos de inflación y no descartan bajadas de tipos; la confianza de inversores y empresarios se ha visto rápidamente afectada, por lo que los datos macro adelantados han recogido rápidamente en las encuestas una caída de previsiones de crecimiento económico.

Con este panorama, las bolsas mundiales cerraron mayo con fuertes correcciones. Las bolas europeas entre el -5% del Dax alemán y -9,5% del Mib 30 italiano (el Eurostoxx 50 un -6,6%). En Estados Unidos el S&P500 corrigió un 6,6% mientras que las tecnológicas lideraron las caídas con un -7.9% y el Nikkei japonés corrigió un 7,45%. En esta ocasión, los mercados emergentes corrigieron en línea con los desarrollados (-7,5% el Msci Emerging Markets).

Si destacado ha sido el comportamiento negativo de las bolsas, más representativo ha sido el de los bonos. Los inversores han pasado en muy poco tiempo de descontar subidas de tipos por parte de la FED (hasta tres entre 2019 y 2020) y comienzo de la normalización monetaria en la Eurozona, a descontar bajadas tanto en Estados Unidos como en Europa. Esto ha provocado fuertes compras de bonos del tesoro, no sólo por la búsqueda de refugio (por la caída de las bolsas) sino también por descuento de bajadas de tipos. La curva Swap de bonos europeos ofrece la rentabilidad más baja de la historia en los tramos cortos de la curva. Igual ocurre con los bonos españoles, donde la rentabilidad del 10 años ha roto claramente a la baja el nivel del 1%, cerrando el mes al 0,71%. El plazo de cinco años ha cerrado el mes con rentabilidades negativas (-0,05%) por primera vez en la historia.

La mayoría de actores del mercado empezamos a ser conscientes de que estamos asistiendo en directo a un choque de trenes entre Estados Unidos y China, y que no se está librando solo la batalla del proteccionismo, sino quién liderará la economía mundial en una década. Este mes ha traspasado la batalla al terreno micro, con el veto a Huawei por parte de Estados Unidos.

Seguimos defendiendo, como lo hicimos el año pasado, que finalmente habrá un acuerdo entre ambas partes, y será más positivo que negativo. China lleva décadas copiando tecnología extranjera y cerrando su economía a empresas foráneas. Trump, con su actuación, conseguirá mejorar esta situación en beneficio de las empresas de su país (e indirectamente del resto). China debería evitar aranceles a sus productos (que reducen su competitividad) a cambio de importar más productos norteamericanos y abrir su economía al exterior.

La duda que tenemos actualmente es si la solución llegará a tiempo para evitar que el deterioro en la economía global se recrudezca. Al menos este año, los inversores no tienen tanta exposición a renta variable y sí que tienen más liquidez, por lo que el pánico debería ser menor si el conflicto se alarga. Además, los bancos centrales han cambiado el sesgo y han pasado a defender la economía, no descartando rebajas de los tipos de interés o medidas de expansión.

Precisamente esta actuación de los bancos centrales es lo que está provocando que los mercados de renta fija sí que descuenten un escenario pesimista. La pendiente de la curva del tesoro de Estados Unidos se ha aplanado en el plazo 2-10 años por debajo de 20 puntos básicos, mientras que la pendiente del plazo 3 meses-10 años ha alcanzado niveles negativos de -22 puntos básicos, sólo superados en el periodo 2000-2001 y 2006-2007. Atendiendo a esta pendiente los futuros de la FED asignan un 29% de probabilidad de recesión en Estados Unidos en los próximos 12 meses.

Esta probabilidad es simplemente un dato. Lo importante es que efectivamente, debemos contemplar en nuestros escenarios que la probabilidad de recesión ha aumentado en las últimas semanas y actuar en consecuencia. Pero la curva de tipos no siempre acierta. Al igual que el año pasado los mercados descontaban de forma errónea tres subidas de tipos entre 2019 y 2020, en las últimas semanas pueden estar descontando también erróneamente las bajadas. Los futuros descuentan incluso cuatro bajadas hasta 2020 (25% de probabilidad). Ya hemos sido testigos, de lo rápido que cambian los estados de ánimo de los inversores, por lo que no hay que descartar que un acuerdo (o simplemente más probabilidad de ello) entre China y Estados Unidos, podría cambiar radicalmente las expectativas de los inversores.

Tal y como resumíamos la visión del mes pasado, en los mercados las decisiones no pueden ser binarias. No se puede pasar de descontar hace un mes que todas las incertidumbres desaparecerían y las bolsas iban a vivir uno de los mejores años de las últimas décadas, a justo ahora descontar que estamos abocados a la recesión económica porque Donald Trump no se vaya a sentar con Xi Jinping en la cumbre del G-20 de final de este mes. En nuestras carteras seguimos viendo la renta variable como el mejor activo a mantener a largo plazo, eso sí seguimos manteniendo fondos de baja volatilidad y sesgo defensivo, que deberían seguir comportándose bien en el escenario más volátil e incierto que describimos.

En renta fija sí que tenemos claro que los tipos de interés no van a subir a corto y medio plazo, sobre todo en Europa. Esto presionará a los ahorradores que aún se mantienen en liquidez o depósitos (esperando que el sistema financiero le pague algo por su dinero), a asumir riesgos bien sea en los mercados financieros, o bien sea creando una empresa, en el ladrillo, o prestándolo a un amigo o empresa que tenga un proyecto atractivo. Esto genera un gran sostén para los mercados y debería evitar grandes correcciones, pero nos genera la pregunta sobre dónde invertir la parte más conservadora de las carteras.

En los mercados financieros tendríamos básicamente las siguientes opciones (sin entrar en renta variable) de obtener rentabilidad positiva para un ahorrador en euros: invertir en deuda pública a muy largo plazo (en bonos alemanes a más de 18 años y españoles más de 6); invertir en deuda corporativa (bonos de empresas) grado de inversión (buen rating) o high yield (baja calificación crediticia); invertir en gestión alternativa (fondos de retorno absoluto); invertir en renta fija emitida en otras divisas (los tipos están más altos pero el coste de cobertura reduce la rentabilidad).

Las rentabilidades próximas a cero en bonos de gobierno o bonos corporativos de grado de inversión nos hace decantarnos por bonos high yield, bonos subordinados (buen perfil de riesgo del emisor pero menor prelación de cobro en caso de impago), tanto europeos como extracomunitarios (emitidos en dólares mayoritariamente). En este tipo de bonos no hay que invertir a plazos tan largos para obtener rentabilidades atractivas (superiores al 2%-3%), por lo que una cartera de fondos diversificada por sectores, zonas geográficas y distintas gestoras especializadas que invierta en estos activos, ofrece un cupón que compensaría los posibles riesgos de impago de los emisores seleccionados. Esto no ocurre en los bonos de grado de inversión, puesto que un solo impago en la cartera generaría pérdidas en el conjunto, debido al bajo cupón que esta iría generando en el entorno actual.

Por tanto, en el entorno actual, más que nunca hay que ser conscientes de que para obtener rentabilidad hay que asumir riesgos. Eso sí, tener una visión de más largo plazo, y diversificar estrategias, gestoras, activos y zonas geográficas es la mejor forma de minimizar los mismos. Y, sobre todo, no podemos caer en el error de ir a liquidez presa del pánico porque cualquier evento positivo podría generar de nuevo fuertes rebotes del mercado, por reducirse de nuevo las probabilidades de recesión económica.

 


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