El segundo trimestre del año debería marcar la tendencia futura de los mercados

De nuestra visión estratégica del mes pasado extraemos el siguiente párrafo: “teniendo en cuenta la recuperación este año tanto de la renta variable como de la renta fija, podemos entrar a corto plazo en un escenario lateral de “esperar y ver” antes de acometer decisiones de calado en la gestión de carteras. El mercado ha dado la oportunidad, con el rebote, de reestructurar las carteras y así lo hemos hecho. Hemos reducido riesgo de renta variable y la renta variable de las carteras la hemos rotado hacia sectores y temáticas defensivas. Históricamente se ha demostrado que este tipo de temáticas suele funcionar bien en entornos de final de ciclo económico o incluso en entornos de recesión económica”.

Transcurrido marzo, las negociaciones en torno al Brexit, así como los avances en las reuniones entre Estados Unidos y China, no han culminado en acuerdos definitivos. En este entorno, la mayoría de índices de renta variable han cerrado en niveles similares a los de febrero. En Europa, el Ibex 35 ha corregido un 0,4%, el Dax Alemán ha subido un 0,09%. En Estados Unidos, el Dow Jones Industrial ha subido un 0,05% mientras que el S&P500 ha subido un 1,79%. El MSCI Emerging Markets ha subido un 0,68% y el Nikkei de Japón ha corregido un 0,84%. Sin embargo, sí que hay que destacar una fuerte dispersión en el comportamiento de los sectores. En Europa, el sector bancario ha corregido un 5,01%, turismo un 3,91% o autos un 2,81%, mientras que tecnología ha subido un 3,72%, utilities un 3,98% y consumo discrecional un 7,12%. Este movimiento comentado es el que suele ocurrir en fases de incertidumbre. Mucha rotación de cartera con mejor comportamiento de sectores defensivos que cíclicos.

En renta fija sí que el mercado ha seguido repuntando con fuerza. Los bancos centrales han cambiado, de forma casi radical, su discurso del año pasado. Ante la desaceleración de los principales datos macro, sobre todo europeos, tanto la FED como el BCE han mostrado en sus discursos un claro apoyo a los mercados. La FED, canceló el calendario de subidas de tipos para este año y anunció que reducirá su balance a un ritmo menor del actual. El BCE, además de anunciar subastas plenas de liquidez a la banca (TLTRO), ha comunicado a lo largo del mes que tiene herramientas suficientes como para seguir actuando en el mercado para tratar de que la inflación alcance el objetivo del organismo (incluso advirtió de medidas para compensar a la banca europea después de tanto tiempo con tipos de depósito en negativo).

Tras estos discursos, los inversores vuelven a descontar que los bancos centrales harán lo posible por mantener el crecimiento económico, todo lo contrario que el año pasado, cuando parte del mercado descontaba que retirarían estímulos para evitar un sobrecalentamiento de la economía. En marzo el principal índice de renta fija global, el JPMorgan Global Bond, ha repuntado un 1,25%, la deuda corporativa en euros un 1,62%, la corporativa de Estados Unidos un 2,5%, emergentes en dólares un 1,37%.

Para este mes de abril entendemos que los factores de incertidumbre actual por fin se reducirán o, al menos, tendrán menos efectos sobre el mercado, sobre todo el Brexit. A priori la fecha clave será el 12 de abril. Hasta esa fecha cabe la posibilidad de que haya acuerdos entre los parlamentarios para aprobar el acuerdo de Theresa May con la Unión Europea. Desde esa fecha, todo apunta a sólo dos posibilidades, o salida abrupta (Brexit duro) o una prórroga adicional, que sería más amplia de la que se preveía hace unos meses, puesto que los británicos tendrían que participar en las elecciones europeas (se habla de más de un año de plazo).

El factor más negativo para las bolsas es la incertidumbre. Y bien sea por un Brexit duro o bien sea por una prórroga amplia, la incertidumbre desaparecerá. La mayoría de compañías han elaborado planes de contingencia, y muchas directamente se han ubicado fuera del Reino Unido. Reino Unido tiene la cifra de desempleo más baja de Europa (2,9%) y la libra cotiza aproximadamente a un 10% de los mínimos históricos frente al dólar. Si hubiese un Brexit duro, la libra podría corregir hasta niveles cercanos a mínimos históricos y al Banco de Inglaterra anunciaría medidas de apoyo a su moneda y economía. Esto haría bastante atractiva la inversión en Reino Unido y en sólo unas sesiones se podría formar un rebote, tal cual sucedió en junio de 2016 cuando, por sorpresa, los británicos votaron “SÍ” al Brexit.

También en abril está condenada a desaparecer la incertidumbre en torno a un acuerdo comercial que ponga fin a la batalla arancelaria entre Estados Unidos y China. Durante el mes de marzo ha habido acercamientos de posturas y el gobierno chino se muestra colaborativo al aumentar las importaciones de productos de Estados Unidos y ampliar la moratoria de aranceles a vehículos estadounidenses, todo para favorecer un acuerdo. Entendemos que es muy probable que el acuerdo se firme en este segundo trimestre, incluso en este mes de abril. Este acontecimiento le daría un gran sostén a los activos de riesgo y podría revertir los datos macro vinculados a confianza de empresarios, consumidores e inversores, un hecho que frenaría la desaceleración económica actual.

Pero lo más destacado del mes actual será la publicación de resultados empresariales del primer trimestre del año. Las compañías cotizadas rinden cuentas de un trimestre caracterizado no sólo por la desaceleración económica, sino por la rebaja de previsiones para el conjunto del año que están comunicando tanto organismos privados como públicos. No se esperan resultados positivos y, habrá que estar más atentos a los anuncios de objetivos de las compañías para el año, que a la publicación del primer trimestre en sí. Para el Eurostoxx se espera repunte de las ventas del 3,25% y caída de beneficios del 4,9% respecto al buen primer trimestre del año pasado. Peor es la previsión para el S&P500, con caída de los beneficios del 9,85%, aunque se espera repunte de las ventas del 4,15%. El motivo es que el primer trimestre del año pasado fue el primero influenciado por la reforma fiscal norteamericana, lo que afecta a la base de comparación.

En renta fija, es probable que el recorrido sea limitado, pero lo importante es que no se esperan cambios en los discursos de los bancos centrales. Seguirán mostrando un claro apoyo al mercado en tanto no se revierta la tendencia de desaceleración de los datos macro. Esto asegura que los tipos de interés se mantengan bajos a corto plazo. La ampliación de spreads de crédito ante caída de la macro se compensaría con bajadas de la TIR por apoyo de los bancos centrales. Esto significa que será el cupón la principal fuente de valor de los bonos, de ahí que sigamos apostando en nuestras carteras por renta fija corporativa frente a deuda pública, incluyendo inversión muy diversificada en high yield y emergentes de baja duración. Quizás el riesgo más destacable que vemos en renta fija es la fortaleza del mercado laboral en Estados Unidos, sobre todo en el repunte de los salarios, que alcanzó el mes pasado una tasa del 3,4%, la cifra más alta de los 10 últimos años. Si sigue repuntando, presionará al alza las expectativas de inflación, lo cual afectaría al discurso acomodaticio actual de la FED.

En definitiva, todo apunta a que a corto plazo tendremos argumentos suficientes para que los mercados rompan el lateral que ha caracterizado el mes de marzo. A priori debería romper al alza ya que, una vez que se elimine la incertidumbre sobre el Brexit y la guerra comercial, debería certificarse que la desaceleración económica es temporal. También ha vuelto el apoyo de los bancos centrales, y los resultados empresariales ya se descuentan que no van a ser positivos, por lo que es más complicado que haya reacción muy negativa a los mismos. A pesar de las fuertes subidas del primer trimestre, la mayoría de índices bursátiles no han recuperado aún las pérdidas del último trimestre de 2018, por lo que no es descabellado pensar que las bolsas pueden seguir teniendo recorrido al alza. No obstante, ante la posibilidad de que el lateral se rompa a la baja, si perduran las incertidumbres y no se revierte la inercia bajista de los datos macro, mantenemos en nuestras carteras una apuesta por fondos de renta variable globales de baja volatilidad, de distintas gestoras y que apuestan por sectores y temáticas de sesgo más defensivos. Tanto si se diluyen los riesgos y la macro confirma que estamos ante una desaceleración puntual, como si hay una corrección de mercado, tenemos capacidad de cambiar el sesgo de renta variable de las carteras hacia un enfoque más arriesgado.

 


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