Fuente: InBestia

La expresión “invertir a largo plazo” es posiblemente una de las que más se repiten es cualquier libro, artículo o conferencia sobre bolsa y mercados. Está demostrado que la mejor manera de rentabilizar nuestros ahorros es hacerlo a largo plazo en activos de renta variable, pero dentro de ella, existen muchas variantes y clases de activos, cuyo comportamiento y rentabilidad puede diferir sustancialmente. Podemos invertir en empresas de alta capitalización, dividendos, pequeñas compañías, mercados emergentes, sectoriales (materias primas, tecnológicas, farmacéuticas, etc.) y así hasta un largo etcétera.

Un artículo del Financial Times nos propone que abramos nuestra cartera de inversiones y echemos un vistazo a los fondos de estilo “value”, pequeñas compañías y/o estilo “momentum” que forman parte de la misma. Si no hay ninguno (o casi) que pertenezca a una de estas tres clases, es muy probable que nuestra cartera no sea tan buena como creemos. Esto es así porque la evidencia histórica muestra que las mejores estrategias en casi cualquier período de tiempo prolongado han sido las “value”, “momentum” y “small caps”.

En el libro “Deep Value Investing. Finding bargain shares with BIG potential” escrito por Jeroen Bos se hacen algunos números al respecto de los buenos resultados del “value”. Así por ejemplo, si hubiésemos invertido 10.000$ en acciones con un elevado PER justo al inicio del periodo de 52 años que finalizó en 2003, hubiéramos obtenido casi 800.000$. Pero si hubiéramos invertido esa misma cantidad en acciones con un PER bajo (lo que podría considerarse según la metodología cuantitativa como estilo “value”), hubiéramos conseguido la friolera de 8,1 millones de dólares. Esto no es un fenómeno que ocurra sólo en Estados Unidos. El “value investing” o las acciones de estilo “valor” (con bajos múltiplos) han batido a las acciones “growth” a largo plazo en la mayoría de los países.

El comportamiento de las acciones value (medido a través del índice Russell 3000 Value index) ha sido muy decepcionante desde la crisis, yendo siempre por detrás de las acciones de crecimiento, las cuales han tenido un comportamiento extraordinario gracias en buena medida a las increíbles rentabilidades cosechadas por las FAANG. Sin embargo, tal y como podemos apreciar en el gráfico inferior, parece que los inversores están cambiando su percepción respecto a este sector, entre otros motivos porque conforme suben los tipos de interés no están dispuestos a pagar las valoraciones actuales con las que cotizan muchas de las compañías de estilo “growth”.

(Fuente: Financial Times)

En relación con el segmento de “small caps”, Gervais Williams en su libro “The future is small” ofrece unos números muy similares a los mostrados por Jeroen Bos. Por ejemplo, 1 libra invertida en 1955 en el mercado británico (por ejemplo, en un fondo indexado al FTSE 100) se hubiera convertido en el año 2013 en 1.070 libras, lo cual no es una mala rentabilidad. Sin embargo, si lo hubieses invertido en el índice “Numis Smaller Companies Index” (pequeñas compañías) habrías obtenido 4.907 libras. Gran diferencia.

Sin embargo, el inversor debe tener presente que las pequeñas compañías, a pesar de ofrecer una mayor rentabilidad a largo plazo, generalmente son más volátiles que otro tipo de empresas, por lo que puede ser un activo que no se adapte a cualquier inversor. Sin ir más lejos, el comportamiento de las mismas en este año está siendo muy negativo, con muchas compañías cayendo fuertemente (algunas acumulan caídas superiores al 50% desde máximos).

Pasemos ahora a analizar el estilo de inversión basado en el “momentum”, entendiendo por tal la inversión que sigue y aprovecha las tendencias. Los estudios llevados a cabo por Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton señalan que durante el período 1990 – 2016 las acciones que batieron al índice durante un período de 12 meses volvieron a batirlo durante los 12 meses posteriores. De este modo, el primer quintil de acciones que mejor se comportaron en el último año generaron una rentabilidad del 17,5% en Estados Unidos frente al 9,5% de aquellas situadas en el último quintil, con cifras similares para el Reino Unido (14,1% vs 3,6%).

La evidencia a favor de esta estrategia ha sido apoyada por numerosos estudios. En nuestro país, Sergio Molina, que hasta ahora dirigía la Cartera Táctica de inBestia, opera siguiendo este estilo de inversión (sistemático, cuantitativo y momentum), habiendo sido capaz hasta el momento de batir al S&P 500 en el periodo de existencia de su servicio. De acuerdo con los backtests realizados, la cartera moderada (no utiliza apalancamiento y utiliza un mayor peso en renta fija) habría ganado 6 veces más que el S&P 500 mientras que la cartera agresiva (mayor ponderación de renta variable y utilización del apalancamiento para obtener un plus de rentabilidad) lo habría hecho 11 veces más desde el año 1973. En los próximos meses, el trabajo que realizaba Sergio para la Cartera Táctica pasará a plasmarlo en un nuevo fondo de inversión asesorado por Grow Financial S.L.

Si fuera tan fácil…

Vistos estos buenos resultados cosechados por las estrategias “value”, “momentum” y “small caps” en el largo plazo, la pregunta que se formularía cualquier inversor es por qué estos estilos no son más dominantes en la industria. La respuesta reside, por un lado, en aspectos del comportamiento de los inversores, impulsivos en ocasiones y poco tolerantes en general a la volatilidad, pero también es debido a la forma en que funciona la industria de gestión de activos. A todos nos gusta pensar que estamos invertidos en los mercados con una visión de largo plazo, pero eso no significa que los gestores de fondos dispongan de cinco años o más para demostrar que lo que hacen funciona realmente. En parte seguramente porque sus jefes necesitan resultados en el corto plazo, pero en otra gran parte porque los clientes no tienen la suficiente paciencia. Como mucho dispondrán de un par de años.

Estas estrategias funcionan a largo plazo, pero no siempre a corto ni siquiera medio plazo (2-3 años), por lo que pueden no tener la aceptación en la industria que uno esperaría a la luz de los resultados en el muy largo plazo. Por ejemplo, el value investing es una de estas estrategias, ya que requiere unos elevados niveles de paciencia que no siempre tienen o disponen los partícipes. Pregunten a muchos partícipes de Cobas, por ejemplo.

En el caso de la inversión basada en el “momentum”, la explicación puede ser mucho más sencilla. Las gestoras de activos generan ingresos a través del cobro de comisiones, por lo que cuantos más activos tienen bajo gestión, mayores son las comisiones cobradas. En este sentido, es mucho más sencillo aumentar el volumen de activos bajo gestión disponiendo de un buen director de marketing que sepa transmitir una interesante y atractiva historia sobre los mercados que disponiendo únicamente de un buen “performance”. Pero claro, incluir en dicha historia ideas como que “compramos cosas que están subiendo” o “invertimos basándonos en una media móvil” no es tarea sencilla.

Por otro lado, aunque este tipo de inversión (“momentum”) puede ser teóricamente sencilla, en realidad usted no quiere hacer todo lo que implica. Aunque no tendrá que hacer ningún análisis del balance y/o cuenta de resultados de una empresa o cosas por el estilo, aun así hay una serie de aspectos que sí tiene que hacer (investigación, trading, determinar los momentos de entrada y salida del mercado, etc.). Así que en realidad, requiere más trabajo del que podría parecer, y no solo eso, sino que requiere de una gran disciplina para mantenerse firme en las evidencias y en el sistema de reglas basadas en el momentum. De ahí el potencial atractivo de nuevos productos como el que anunció Sergio Molina.

El problema que se señala a menudo de las estrategias de “momentum” es que no pueden salvarle de un crash del mercado como en 2008: si el mercado corrige, usted irá detrás. Esto podría mitigarse de diferentes formas, pero una de las maneras sería combinar una pata de momentum con otra de value. Esto significa que la venta se produce no necesariamente cuando la tendencia gira, sino cuando el “valor” desaparece. Otra de las formas sería vender cuando la tendencia alcista se gira, lo que puede ahorrarte una buena parte del drawdown.

 


 

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