Por Miguel Ángel Paz, Director de la Unidad de Gestión
17  de Febrero  de 2016

La importancia del Market timing o intentar acertar cual es el mejor momento de entrada no tiene tanta relevancia a largo plazo. Lo que hay que tratar es de invertir en un producto que sea alcista a largo plazo y el momento de entrada nos afectará a los primeros meses o incluso años, pero a medida que pasa el tiempo el momento de entrada apenas afecta a las rentabilidades anualizadas, siempre que se mantenga la inversión.

He realizado un estudio con toda la serie histórica de que dispongo del S&P500. Tengo datos desde diciembre del 1.927, justo antes del Crack del 29. Pues bien, las rentabilidades acumuladas apenas varían entre el inversor que hiciera aportaciones trimestrales de 1000$ distinguiendo si ha sido capaz de acercar con el mínimo de cada trimestre, si ha sido un pésimo inversor invirtiendo esos 1.000$ en el máximo del trimestre o si, simplemente ha comprado al cierre de trimestre.

Han pasado 354 trimestres por lo que el ahorrador habría aportado 354.000 dólares. A día de hoy esas aportaciones valdrían 2.070.473$ si has sido capaz de acertar todos los mínimos de cada trimestre, pero valdría 1.932.347$ si simplificas comprando al cierre de trimestre y sólo bajaría a 1.823.460$ si has cometido la torpeza de comprar en máximos de cada trimestre. Si lo pasamos a una TIR media anualizada la diferencia es inapreciable siendo del 3.80%; 3.94% y 4.10% según la forma de entrada.

En el siguiente gráfico podemos ver la rentabilidad anualizada de cada aportación de 1.000$, manteniéndose hasta el cierre de ayer. Las rentabilidades son casi calcadas según si invierten en máximos (morada), azul (mínimos) o naranja (cierre de trimestre). Históricamente, salvo las aportaciones de antes del Crack del 29, todas las rentabilidades se han movido entre el 6% y el 8.5% anualizadas. Desde el año 95 las oscilaciones son mayores, pero simplemente porque el periodo de inversión baja de 20 años y esto provoca más volatilidad de los resultados finales.

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Precisamente si acotamos la inversión a mantenerla durante 20 años, vemos que las oscilaciones de rentabilidad objetivo son mayores y estas oscilaciones bajan conforme aumentamos el plazo de inversión. Así a 20 años, en el 80% de los casos se ha obtenido una rentabilidad anualizada entre el 3.44% (percentil 10 de la muestra) y el 10.25% (percentil 90). O lo que es lo mismo; hay sólo un 10% de probabilidad de obtener rentabilidades superiores al 10.25% y un 10% de probabilidad de obtener rentabilidades inferiores al 3.44% en el S&P500 si mantenemos la inversión 20 años. La rentabilidad media es del 7.11%.

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Los datos son bastante mejores si el horizonte es de 25 años. En el 80% de los casos se han obtenido rentabilidades entre el 4.36% y el 9.99%. Casualmente la rentabilidad media es también del 7.11%.

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Si aumentamos al plazo a 30 años la diferencia respecto a la media es bastante más baja. La media es del 6.90% y con un 80% de probabilidad se obtendrían rentabilidades entre el 5.45% y el 8.84%.

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Es verdad que rentabilidades pasadas no suponen rentabilidades futuras, pero está claro que el momento de entrada no ha afectado a los resultados finales en horizontes temporales muy amplios y sobre todo, si escogemos un activo alcista y mantenemos la inversión, mientras más ampliemos el horizonte temporal, menos se desviará la rentabilidad final respecto a la media.

Lo que hay que buscar es un activo en el que poner a trabajar nuestros ahorros a largo plazo. Y el mejor activo es una cartera diversificada de fondos de inversión acorde a nuestro perfil de riesgo. El momento de entrada o de incrementar o reducir exposición no será tan importante si nuestro horizonte temporal es suficientemente amplio.

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