El balance del ejercicio 2015 para los inversores financieros ha sido difícil, con un incremento importante de la volatilidad, por las políticas de los bancos centrales, la debilidad de los precios de las materias primas y las preocupaciones por el crecimiento en China y de otros mercados emergentes, provocando claras distorsiones y rentabilidades muy dispares entre mercados y clases de activos.

Hubo una primera fase del año con claras subidas en las bolsas en los primeros meses, apoyadas en la política monetaria expansiva  y  el retraso de la esperada subida de tipos en Estados Unidos por la Reserva Federal. El segundo y tercer trimestre fueron negativos y el último trimestre tuvo un balance mixto, marcado por la volatilidad, especialmente en el mes de diciembre, cerrando un año bastante desigual, con las bolsas europeas muy dispares, destacando la subida del Dax Alemán de casi un 10% frente a las caídas del mercado español, con el Ibex recortando al cierre del año un 7%.

Las bolsas americanas cerraron 2015 con caídas ligeras, siendo los mercados emergentes los más castigados con las ventas. En líneas generales todas las clases de activos de bonos con mayor riesgo tuvieron pérdidas, como los corporativos de grado de inversión, los de alta rentabilidad, emergentes y convertibles. Solo se salvaron los bonos de gobiernos, apoyados por las compras de los bancos centrales.

Es destacable que tras siete años de tipos de interés inusualmente bajos, los mercados monetarios y crediticios estadounidenses iniciaron una senda de subidas de tipos de interés a partir de la decisión el pasado 16 de diciembre de su banco central (Fed), asociado a un crecimiento más normal de su economía.

En líneas generales, la economía americana se ha visto muy beneficiada por la recuperación del crédito, que en 2015 ha crecido un 8%, que de mantener dicha tendencia podría ser suficiente para respaldar un crecimiento del PIB nominal del 5%. Así mismo, los datos del mercado laboral continúan mejorando con la tasa de desempleo alcanzado niveles del 5%, sin una presión de incremento de costes.

En contraste, la zona euro y Japón siguen inmersos en planes de expansión monetaria, con el objetivo de mantener bajos los tipos de interés a lo largo de toda la curva, intentando estimular las economías de sus áreas y doblegar la tendencia deflacionista, que siguen muy bajas a nivel global.  El crecimiento del PIB real de la zona euro ha seguido siendo anémico en 2015, creciendo en torno a un 1.5% y dada una inflación menor de lo previsto, el Banco Central Europeo se vio obligado a anunciar una pequeña ampliación del programa de adquisiciones de deuda, así como reducir 10 puntos básicos más, el tipo de interés sobre los depósitos en el propio banco hasta situarse en menos 0,30%.

El dato más significativo en Europa ha sido la fortaleza relativa de la periferia de la región, especialmente Italia y España, y la recuperación de la demanda interna gracias a la mayor confianza de los consumidores y al descenso de los precios del petróleo.

En los mercados desarrollados las tasas de inflación se ven presionadas a la baja por la debilidad de los precios de las materias primas, pero también por el contexto de lento crecimiento del dinero y el crédito, salvo en EEUU, que parecen volver a crecer a un ritmo normal. Su futura evolución irá marcando fuertemente las actuaciones de los principales bancos centrales.

Por otro lado, la ralentización de los principales países emergentes, concretamente China, Brasil y Rusia ha continuado afectando a los mercados de materias primas y a numerosos sectores de actividad, así como a los volúmenes de comercio mundial, además de haber provocado devaluaciones importantes de sus monedas.

El año 2016 parece mostrar un año de mayor crecimiento mundial, gracias a la expansión económica de EEUU, la aceleración de la recuperación en Europa y Japón, la consolidación del nuevo modelo de crecimiento en China, y, sobre todo, el comportamiento algo menos negativo de los países emergentes (recesión menos agresiva en Brasil y Rusia). La fortaleza del consumo y del sector servicios se podría convertir en el motor de crecimiento mundial.

En el plano económico, pendientes de la evolución de la economía china y de los precios de las materias primas, especialmente del crudo, que cierra el año en mínimos de 11 años. Las presiones bajistas en las bolsas del comienzo de 2016 auguran un año de volatilidad para los activos de riesgo, muy ligadas a un incremento de la incertidumbre y aparentes nuevas expectativas de menor crecimiento global, por lo que los datos macroeconómicos y de confianza de los principales países mundiales, especialmente en EEUU, Japón, Europa y China, pueden ser la alerta a vigilar.

Las tendencias macroeconómicas más destacadas siguen marcadas por el crecimiento constante de Estados Unidos, la mejora de la economía japonesa y la desaceleración tranquila de China, en su proceso de adaptación a una economía más centrada en la demanda interna.

 

En lo que respecta a Estados Unidos, la decisión de la Fed de elevar los tipos por primera vez en casi una década refleja la confianza en la economía norteamericana. La caída del precio del crudo, el crecimiento del empleo y la demanda acumulada en el mercado de la vivienda, podrían ayudar a apuntalar esta tendencia en dicho país.

La eurozona se ha visto beneficiada en los últimos meses por el abaratamiento del precio de la energía, una política monetaria más agresiva por parte del Banco Central Europeo y una política fiscal más neutra. Aunque el contagio de un menor crecimiento de los países emergentes puede reducir las expectativas de crecimiento, parece que los catalizadores positivos y la posible intervención adicional del Banco Central Europeo pudieran salvar a la eurozona de una desaceleración más intensa de lo previsto

No obstante lo anterior y pese a que el entorno económico global será positivo, los mercados estarán expuestos a una importante volatilidad. Además de la incertidumbre monetaria (ligada a las previsibles subidas de tipos de la Fed), se mantiene una elevada incertidumbre política, destacando el terrorismo yihadista, el fenómeno de los refugiados en Europa, posibles cambios de gobiernos en Europa, la situación de Grecia, elecciones presidenciales en EEUU y probablemente, un referéndum sobre la pertenencia a la UE en el Reino Unido.

De cómo vayan afrontando los gobiernos y bancos centrales este difícil entorno, marcarán las decisiones de los inversores, aunque los activos de riesgo parecen mostrar una mejor rentabilidad potencial frente al riesgo asumido que en otras fases del actual ciclo económico, especialmente al compararse con las opciones de inversión más conservadoras, que se mantienen en rentabilidad negativa por las políticas monetarias ultra-expansivas aplicadas por los Bancos Centrales.

Es un entorno de difícil navegación, pero que también puede consolidar la industria del asesoramiento y gestión de patrimonios, por la necesaria especialización para poder afrontar con mejores garantías  la gestión e inversión del ahorro acumulado, un negocio considerado estratégico para las entidades financieras en el actual escenario económico y financiero.

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