“Una crisis de confianza no es recesión”

12 de Febrero de 2015

Por Rafael Romero, Director de la Unidad de Inversiones

 

La confianza es un valor clave en cualquier relación. Es uno de los objetivos principales de las empresas y gobiernos con respecto a inversores, consumidores, votantes, etc.  El Diccionario de la Real Academia Española (RAE) describe la confianza como “la esperanza firme que se tiene de algo o de alguien”.

La desconfianza es un estado emocional. Una persona, empresa, gobierno… es confiable, si esperas que cumpla los compromisos adquiridos, si crees que tiene el conocimiento y habilidades necesarias para resolver satisfactoriamente una situación, si la historia demuestra que es transparente y sincero cuando aporta datos, cuando no ofrece falsas expectativas, etc. Ahora muchos inversores desconfían de la situación actual, de los gobiernos, de las capacidades de las empresas, de la banca, de los bancos centrales… diría yo que del propio sistema, y esto es ya pasarse de frenada, al menos así lo parece con los datos reales conocidos.

Sabemos que recuperar la confianza perdida siempre requiere mucho esfuerzo, tiempo y muestra de evidencias de que se estaba equivocado.  Esta situación de falta de confianza me recuerda la crisis de confianza iniciada en 2008, pero la situación es de lejos, muy distinta.

Es difícil de calibrar los efectos de unos tipos de interés por debajo de cero para el sector financiero, pero salvo posibles necesidades puntuales de capital de algunos bancos (quizás en Alemania e Italia) que no afrontaron las medidas que se tomaron en España,  el sistema financiero no va a colapsar.  La banca no debiera ser el desencadenante de una nueva crisis, y menos en España, con los bancos debidamente capitalizados. Puede haber un problema de rentabilidad, pero no de solvencia, como en anteriores crisis.

Es evidente que hay problemas estructurales en las economías mundiales que reducen las expectativas de crecimiento económico, seguimos con las dudas con el mercado energético, etc. pero la magnitud de los movimientos en los mercados, reflejan una probabilidad muy alta de una fuerte desaceleración económica.

La inmensa mayoría de analistas y macroeconomistas consideran que estos temores son excesivos, que los inversores han sobre reaccionado, que existen palancas que deberían seguir afectando en positivo, desde un buen crecimiento en EEUU, como una recuperación sostenida en el resto de países desarrollados gracias a políticas monetarias muy laxas, y un crecimiento ordenado y bajo control en China.

A corto plazo es evidente que no existe un clima favorecedor para un buen comportamiento de los mercados. Aunque la duración de esta fase es incierta, lo más probable es que tienda a perder intensidad en los próximos meses, de la mano de un mayor protagonismo de los fundamentos de los diferentes mercados de activos.

 

Los bancos centrales permanecen vigilantes de la situación, desde Estados Unidos, Japón, Europa, etc. La adopción de más medidas de estímulo monetario en Europa son muy probables, ya que las políticas del banco central están centradas en cumplir el objetivo de inflación del 2% a medio plazo, y sin duda, estamos entrando en un entorno de deterioro del cuadro macroeconómico. Margen hay, y convendría usarlo.

Aunque las bolsas sigan con dudas con respecto a diversos sectores, la realidad es que hay sectores que siguen sorprendiendo con alzas en sus beneficios, y el contagio ha alcanzado a todo tipo de sectores y zonas geográficas.

Nosotros esperamos que los principales factores que puedan resolver la situación irán llegando con los datos macroeconómicos que vayan mostrando la solidez del crecimiento, y medidas adicionales, como un posible acuerdo de los países productores que estabilice la situación, así como desde China, donde el gobierno tiene mucho margen de maniobra.

En otros momentos de la historia también hemos vivido medidas excepcionales, con todos los bancos centrales actuando en el mercado de bonos y divisas a la vez aportando una fuente extraordinaria de liquidez, básica en los movimientos de aversión al riesgo, etc. Distintos golpes de efecto, en una actuación coordinada, si se van encadenando inteligentemente, pudiera tener un efecto bálsamo en la regeneración de la confianza. La regeneración de la confianza estabilizaría a los mercados. Dejar a la manada corriendo sin control hacia al abismo sí que nos puede llevar a una recesión, pero este actual proceso tiene solución, es reversible.

La creciente volatilidad con días de alzas importantes y posteriores caídas similares, solo muestra la dificultad de entender el momento actual. Nadie entiende nada. El hablar ahora de recesión solo es síntoma de contagio emocional provocada por las caídas constantes de los mercados, que van retroalimentando dicha percepción.

La situación actual puede mantenerse algo más, pero las expectativas de rentabilidad a largo plazo en los activos de riesgo muestran unos niveles claramente de oportunidad, frente al riesgo de caídas mayores.

“Una crisis de confianza no es recesión”
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