Visión Estratégica de Inversiones

Febrero 2016

Comentábamos el pasado mes que sin duda el año 2016 se presenta como un año complicado por una reducción de las expectativas de crecimiento, riesgos geopolíticos, políticas monetarias divergentes, una menor liquidez en los mercados de renta fija, etc. Especialmente veíamos un terreno bursátil demasiado influenciado por un cambio en la confianza de los agentes, que desencadenan movimientos bruscos al alza o a la baja, pero que sin duda han ido manteniendo una tendencia bajista que no es fácil de predecir su final.

Sin título

Sin duda no esperábamos un comportamiento tan sustancialmente negativo este primer mes de año, tal como podemos observar en el cuadro adjunto, con todas las bolsas con un fuerte deterioro, y una renta fija en positivo los bonos de gobiernos, especialmente en el muy largo plazo y en negativo los más arriesgados en términos de riesgo corporativo.

Los elementos que están contribuyendo a este sentimiento negativo actual son los mismos que el mes pasado, pero los inversores van moviéndose en función de distintas percepciones. Sin duda las bolsas y activos de riesgo están en plena fase de corrección.

Los mercados parecen estar ciertamente desconectados de los fundamentales económicos actuales, por dudas sobre la sostenibilidad del ciclo económico, la sostenibilidad de las finanzas de los países productores de materias primas, su repercusión en el sector de recursos básicos y últimamente, cuestionándose de nuevo el propio sistema financiero.

Una cosa es evidente, si el sentimiento negativo se mantiene, y los inversores siguen cuestionándose la sostenibilidad del crecimiento, pudiéramos estar en la antesala de revisiones a la baja de futuros beneficios empresariales y el mantenimiento de las políticas monetarias expansivas. Con los datos actuales, la probabilidad de nueva caída en recesión en los países desarrollados es pequeña teniendo en cuenta los datos actuales, aunque empieza a acercarse a niveles entre el 30-40% dicha probabilidad, si valoramos los datos “conocidos” de mercado de las bolsas, primas de riesgo de bonos high yield, cotización de la deuda pública, etc.

Nosotros esperamos que los riesgos que nos movamos fuera del escenario base de crecimiento esperado por analistas y organizaciones internacionales (FMI, Banco Mundial, etc.) pudieran ser más visibles, en una especie de tormenta perfecta de sucesos que van desencadenándose, activando numerosas alertas que generan recortes de riesgo y de pérdida de confianza que empieza a ser mucho más intenso en tiempo y forma del esperado.

Aunque estos comportamientos aleatorios forman parte de la normalidad de los mercados, es evidente que el no haber claros motivos que justifiquen esta nueva fase de risk-off tan agresiva, hace crecer un nuevo riesgo: el de contagio de la situación de los mercados a la economía real, generando la desconfianza de familias y empresas con respecto a decisiones de consumo e inversión, ya que arrastra a la baja a las expectativas de crecimiento económico, beneficios empresariales, empleo, etc. En este aspecto, parece que Europa tendría más apoyos para superar esta fase más incómoda (por la reducción del coste energético, infravaloración del tipo de cambio y políticas monetarias ultraexpansivas), pero una fase persistente de dudas de los inversores con respecto al sector financiero sí que pudiera tener un efecto más negativo del previsible en los mercados, si se une a una devastadora fase de sentimiento negativo. Sería como una profecía autocumplida.

Un cambio drástico del plan de inversión que se hubiera ajustado a distintos perfiles de riesgo con horizontes de inversión de medio y largo plazo nunca son aconsejables, mucho más tras periodos de grandes caídas, fases en las que permite encontrar buenos valores a precios más baratos. En estas fases es cuando el margen de seguridad (diferencia entre valor estimado y precio) es más alto, pero evidentemente también estamos en una fase que puede alargarse más que tú puedas soportarlo financiera y emocionalmente.

Nosotros creemos que pudiéramos estar cerca de la llamada zona de capitulación, cuando muchos inversores acaban saliéndose definitivamente del mercado. Ahí llega el momento que cuando todos ya han vendido, la propia inercia de reducción de las ventas, lleva a una recuperación rápida de los precios, que se hace más intensa a medida que pudieran pasar las jornadas y que acaba alimentada en una fase posterior del dinero que salió huyendo semanas atrás, y que finalmente compra lo mismo que vendió pero a un precio sustancialmente más caro. Estas situaciones nos lo muestra la historia, pero quizás estamos en un momento distinto. Esto no podemos saberlo.

Cambios tácticos desde una óptica más conservadora por si la situación sigue deteriorándose pudiera ser acertado, pero aquí no valoraríamos pasar todo nuestro dinero a pura liquidez, o ir detrás de los precios de la deuda gubernamental europea que cotiza en terreno negativo de rentabilidad hasta el plazo de los siete años, o comprar oro. El riesgo de equivocarte y que el mercado se pudiera dar la vuelta es alto y la apuesta conservadora podría llevarte no solo a no ganar dinero en una posible recuperación, sino a perder más dinero.

Por ello, hablamos de posibles cambios tácticos, asociados al incremento del riesgo por volatilidad, pero no de cambio radical de la estrategia global de las carteras. Necesitamos insistir en que las posibilidades de que entremos en una recesión global o en una crisis financiera es reducida. La expansión moderada de los países desarrollados compensará la desaceleración de los mercados emergentes.

Si los sectores más ligados al crecimiento pudieran tener un comportamiento peor, serán compensados por los sectores más de valor, el menor gasto de los países productores de petróleo se compensará por la mayor riqueza de los consumidores y empresas de países demandantes de petróleo, las posibles tensiones en los mercados de deuda pública pudieran compensarse con las compras de los bancos centrales y el retraso de la subida de tipos en Estados Unidos, y así podría seguir durante unos cuantos renglones más.

Tengamos en mente por tanto que el sentimiento global inversor se ha visto fuertemente afectado por una serie de acontecimientos especialmente ligados a la reducción del precio de las materias primas y a las dudas del crecimiento en China principalmente. Sin embargo, los fundamentales permanecen todavía sólidos, con los activos refugio cotizando en mínimos de rentabilidad y los activos de riesgo, en las unas magníficas valoraciones.

La continua revisión de expectativas pudiera llevarnos a un ajuste a más largo plazo, lo que implica, más que nunca, una prudente construcción de la cartera, pero están surgiendo oportunidades potenciales de largo alcance. No conviene olvidarlo.

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